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5 datos para entender mejor el Dogma de la Inmaculada Concepción


Aquí tienes cinco datos para comprender mejor el Dogma de la Inmaculada Concepción. ¡Vamos a sumergirnos en esta fascinante enseñanza de la Iglesia!

1. La elección de María desde el principio:

Imagínate este escenario: Dios, en Su infinita sabiduría y amor, eligió a María desde el principio de los tiempos para ser la madre de Su Hijo. La Biblia nos habla en el Evangelio de Lucas (1, 28) cuando el ángel Gabriel se aparece a María y le dice: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Esa "llena de gracia" no es un simple cumplido, es la revelación de que María fue concebida sin la mancha del pecado original.

2. La conexión con la Redención:

Para entender mejor la Inmaculada Concepción, es crucial relacionarlo con el plan de redención de Dios. Desde el principio, Dios prometió enviar un Salvador para liberarnos del pecado. María, siendo la madre de Jesús, el Salvador, fue preservada del pecado original para que pudiera ser un receptáculo puro para el Hijo de Dios. ¿Imaginas a Jesús, el ser más puro del universo, siendo concebido en un vientre impuro? ¡Por eso Dios creó un vientre perfectamente puro para que se encarnara su Hijo! Esto conecta de manera maravillosa con el plan divino de redimir a la humanidad.

3. La tradición y el Magisterio de la Iglesia:

Nuestra fe no solo se basa en la Biblia, sino también en la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. A lo largo de los siglos, los padres de la Iglesia y los líderes espirituales han reflexionado sobre la naturaleza única de María. El dogma de la Inmaculada Concepción fue definido por el Papa Pío IX en 1854 en su carta apostólica "Ineffabilis Deus". La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, reconoció oficialmente la verdad de la Inmaculada Concepción transmitida a través de la Tradición.

4. María como arca de la Nueva Alianza:

En el Antiguo Testamento, el Arca de la Alianza era el lugar sagrado donde se guardaban las tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón. Ahora, María es vista como la Arca de la Nueva Alianza, llevando en su seno al verdadero Cordero de Dios, Jesucristo. La pureza de María es esencial para este papel, ya que alberga al Salvador del mundo.

5. El gozo de la gracia divina:

La Inmaculada Concepción no es solo un concepto teológico, sino una expresión de la generosidad divina. Imagina el gozo y la alegría que Dios experimentó al crear a una mujer tan pura y llena de gracia. Esto resalta el amor y la atención personal que Dios tiene por cada uno de nosotros, asegurándose de que Su madre sea un faro de pureza y ejemplo de entrega.

En resumen, la Inmaculada Concepción nos revela la magnificencia de la elección divina, la conexión con la redención, la importancia de la Tradición y el Magisterio, la función única de María como arca de la Nueva Alianza, y la alegría que brota de la gracia divina. No solo es una doctrina, es una ventana a la maravilla del plan divino para la salvación. ¡Que la gracia de la Inmaculada Concepción nos acompañe siempre!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

La biblia dice que todos pecaron, pero la Iglesia afirma que María no pecó, ¿cómo se explica esto?


- La biblia dice que todos pecaron, pero la Iglesia afirma que María no pecó, ¿cómo se explica esto?

Bueno, sí, es verdad que la Biblia nos dice en Romanos 3, 23 que "por cuanto todos pecaron y están privados de la gloria de Dios". Esta afirmación, por supuesto, nos incluye a todos nosotros, ya que nadie es perfecto, y todos hemos cometido errores en algún momento de nuestras vidas. ¡Es un recordatorio constante de que todos necesitamos la misericordia y la gracia divina!

Ahora, cuando hablamos de la Virgen María, entramos en un terreno especial y asombroso. La doctrina de la Inmaculada Concepción sostiene que María fue concebida sin mancha de pecado original. Es un concepto que puede parecer un poco desconcertante al principio, pero tiene sus raíces en una profunda comprensión de la gracia de Dios y el plan de salvación.

Para empezar, echemos un vistazo a la Biblia. En el Evangelio según Lucas, el ángel Gabriel se le aparece a María y le dice: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lucas 1, 28). El término "llena de gracia" en griego es "kecharitomene", que implica una plenitud de gracia ya presente en ese momento. Algunos estudiosos señalan que esta plenitud de gracia desde el principio sugiere una ausencia de pecado original.

La Inmaculada Concepción se basa también en la tradición y la interpretación de la Iglesia a lo largo de los siglos. Desde los primeros días del cristianismo, los Padres de la Iglesia han reflexionado sobre la singularidad de María en su relación con Dios. San Agustín, por ejemplo, habló de María como una excepción única en la historia de la redención.

La doctrina fue formalmente proclamada como dogma por el Papa Pío IX en 1854. Pero aquí hay algo interesante: aunque la definición dogmática es relativamente reciente, la creencia en la Inmaculada Concepción ha estado presente en la Iglesia desde hace mucho tiempo, y se puede rastrear a través de escritos de santos y eruditos a lo largo de la historia.

Ahora bien, ¿por qué María fue preservada de la mancha del pecado original? La respuesta se encuentra en el plan divino de Dios para la salvación de la humanidad. Desde el principio, Dios tenía la intención de enviar a su Hijo, Jesucristo, como el Redentor del mundo. María, como madre de Jesús, desempeña un papel único en este plan de salvación.

Imagina la entrada triunfal de Jesús en el mundo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1, 29). ¿No tendría sentido que la madre de este Cordero fuera preservada de todo pecado para que pudiera ser un lugar puro y digno para la encarnación del Verbo de Dios?

Aquí es donde la Inmaculada Concepción se conecta maravillosamente con la redención que Cristo trajo al mundo. María, al ser preservada del pecado original, es un testimonio del poder redentor de su Hijo. La gracia que la llena desde el principio es una anticipación de la gracia que Jesús traería al mundo a través de su sacrificio en la cruz.

Es importante señalar que la Inmaculada Concepción no significa que María no necesitara la redención de Cristo. Más bien, anticipa esa redención de una manera única. María también necesitó la obra salvadora de su Hijo, pero de una manera preventiva, no correctiva. Fue preservada del pecado original por la gracia anticipada de Dios.

Esta enseñanza resalta la relación especial de María con Dios y su papel crucial en la historia de la salvación. Además, nos invita a reflexionar sobre la magnitud de la gracia divina y la extraordinaria manera en que Dios actúa en la historia humana para llevar a cabo su plan de amor y misericordia.

Entonces, mi querido amigo, la Inmaculada Concepción de María no contradice la verdad bíblica de que todos hemos pecado. Más bien, ilustra la maravillosa obra de Dios al preservar a María de la mancha del pecado para que pudiera desempeñar su papel único en la venida de nuestro Salvador, Jesucristo. ¡Qué hermosa es la historia de nuestra fe y cómo cada pieza encaja perfectamente en el rompecabezas divino de la redención!

Autor: Padre Ignacio Andrade.

¿Si María fue concebida sin pecado significa que no necesitaba la salvación de Jesús?


Veamos esta pregunta tan interesante que nos han planteado sobre la Inmaculada Concepción de María y su relación con la salvación que nos ofrece Jesús.

Primero, hablemos un poco sobre la Inmaculada Concepción. Esta creencia sostiene que María, la madre de Jesús, fue concebida sin mancha de pecado original. La Iglesia Católica enseña que esta gracia especial le fue concedida por Dios desde el momento mismo de su concepción en el seno de su madre, Santa Ana. Ahora bien, esta creencia no significa que María no necesitara la salvación de Jesús.

Vamos a darle un vistazo rápido al Catecismo de la Iglesia Católica. En el párrafo 491, nos dice que "María fue redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo". Esto significa que la redención de María se llevó a cabo de una manera única y anticipada, gracias a los méritos de Jesús, pero de ninguna manera se excluye de la redención que Él nos ofrece a todos.

Recordemos que la redención es un regalo que fluye de la cruz de Cristo. A través de su muerte y resurrección, Jesús nos ofrece la gracia de la salvación. María, siendo preservada del pecado original, participa de esta gracia de una manera especial y única, pero no deja de necesitar la salvación de Jesús.

La Encíclica Redemptoris Mater del Papa Juan Pablo II nos ayuda a entender mejor este misterio. En el número 10, el Papa explica que María "fue redimida de una manera más sublime". Es decir, su redención fue excepcionalmente especial, pero, al igual que todos nosotros, María también necesitaba la redención que solo Jesús puede ofrecer.

La Inmaculada Concepción no excluye a María de la necesidad de la redención, sino que anticipa y prefigura de manera única la obra salvadora de Jesús. Imagina que la redención es como un río que fluye desde la cruz de Cristo. Todos, incluida María, participamos de este río de gracia, pero la Inmaculada Concepción es como un manantial especial que brota de ese río antes de que alcance su plenitud.

En la Biblia, encontramos pistas que nos ayudan a comprender este misterio. Por ejemplo, en la Anunciación, el ángel Gabriel saluda a María diciendo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lucas 1:28). Este saludo resalta la gracia singular que María posee, pero es importante notar que esta gracia proviene del Señor, es decir, de Jesús.

Además, en el Magnificat, el hermoso cántico de María, ella misma proclama: "Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador" (Lucas 1, 47). Aquí, María reconoce a Dios como su Salvador. Este versículo es clave para entender que, a pesar de su Inmaculada Concepción, María reconoce su necesidad de salvación y la encuentra en Dios.

En resumen, la Inmaculada Concepción de María no significa que ella no necesitara la salvación de Jesús. Más bien, indica que su participación en la redención fue excepcionalmente especial, anticipando y prefigurando la obra redentora de su Hijo. María, como todos nosotros, encuentra su salvación en Jesucristo, y su Inmaculada Concepción resalta la magnitud de la gracia que fluye desde la cruz de Cristo.

Autor: Padre Ignacio Andrade.

Jesús le revela a un protestante la verdad sobre la Virgen María. Esta historia te va encantar.



- ¡Qué bueno estuvo el culto hoy Jorge!

- Cierto Eduardo, esa enseñanza del pastor sobre el rey David fue genial. ¡Qué gran hombre de Dios!


- Sabes Jorge, desde que dejé de ser católico me siento mejor: ya no fumo, no le pego a mi esposa, no trato mal a mis hijos. Definitivamente cuando era católico no sentía a Dios en mi corazón. Es más ni leía la Biblia.

- Es verdad Eduardo, esas misas aburridas, repitiendo lo mismo, y qué fastidio esa idolatría a María. Nada que ver con la María de la Biblia. Deberíamos mostrarle a los católicos que están errados.

- Ojalá Dios nos diera la oportunidad algún día de colocar a María como ella es realmente.

- Dios los bendiga hijos de Dios.

- Oh pero Eduardo, ¿que es esa luz tan fuerte?, ¡no puedo ver!

- No sé Jorge, parece un sol.

- Soy un ángel enviado por el Señor. Ha escuchado su oración y quiere darles la oportunidad de que puedan mostrar a la Virgen como ustedes creen que debe ser. Pero a cambio el Señor quiere que ustedes construyan un lugar de oración, donde ustedes quisieran orar y que Nuestro Señor Jesucristo se manifestara.

- Como no mi Señor. Para ti todo, claro lo haremos.

- Si Jorge, vamos a ponernos a trabajar por la obra.

- Bueno Eduardo, lo primero que debemos quitarle a la Virgen de los católicos es esa corona, ni que fuera reina. El único Rey de reyes es Cristo nuestro Señor.
- Cierto Jorge. Lo segundo que vamos a hacer es quitarle eso de Inmaculada. ¿Quien diría esa blasfemia? ¿Que tal estos católicos? hacer creer que María nació sin pecado como si Cristo no hubiera muerto por sus pecados.

- Eduardo, lo tercero sería quitarle ese título de Madre de Dios. ¿Acaso Dios tiene madre? ¿Acaso María es más que Dios?

- Y por último nada de estar orándole, fue una buena mujer pero está muerta esperando la resurrección final.

- Eduardo, ¡creo que ahora sí esta María es la de la Biblia!

- Muy bien Jorge, ahora vamos a construirle al Señor Jesús su lugar de culto. Debemos hacerlo lo mejor posible. Tú sabes que para Dios es lo mejor. Así como Salomón usó los mejores materiales para construir el Templo. Así debemos hacer nosotros.

- Exacto. Vamos a comprar los materiales más finos y de mejor calidad. Estoy seguro que el Señor nos va a premiar por querer darle lo mejor a Él.

Tiempo después...

- Dios les bendiga hijos de Dios.

- ¡Eduardo regresó el ángel!, mira
- Ya terminamos la obra que nos encomendó el Señor. Y también moldeamos a la Virgen como debe ser según la Biblia y no como esos paganos católicos.

- El Señor pide que se presenten ante él.

- Oh Jorge, qué momento más hermoso.

- Pero...¿Señor Jesús por qué lloras?

- ¿Hicimos mal lo que nos encomendaste?

- Queridos míos. Los amó como a nada en el mundo. 
Saben que no escatimé en hacerme hombre para poder salvarlos derramando mi sangre en la Cruz. Los he estado observando en todo lo que hacían, y me pone triste ver cómo despreciaban la obra de mi Padre y se gloriaban de su obra humana.

- Pero Señor...no entendemos.

- Miren lo que hicieron con mi madre. Mi Padre celestial escogió para mi venida a la Tierra a una mujer especial. La pensó desde antes de fundar el mundo, la preparó para esa misión que era recibirme y cuidarme, educarme y hasta el último instante de mi vida en la Tierra estuvo conmigo. Pero ustedes la cambiaron:


- Le quitaron la corona que mi mismo Padre le dio. ¿Acaso no saben que la Reina es la madre del Rey? ¿No han leído la Biblia que tanto dicen leer? Si ustedes proclaman en 2 Tim 2, 12 que reinarán conmigo ¿por qué se atreven a no dejarla reinar a ella también? Si ella no es Reina, no es mi madre porque la madre del Rey es la Reina. ¿Es esa la madre que quieren para mí?

- Le quitaron su inmaculada concepción. Y con eso también van en contra de la Palabra. ¿No saben que nada impuro entra en la presencia de Dios? Si ella estuviera contaminada de pecado, ¿cómo creen que yo hubiera estado en su vientre? ¿Cómo pueden pensar que mi Padre me hubiera enviado a un vientre pecador? Dios le aplicó a mi madre de manera preventiva los méritos de mi redención. ¿Si ella es una pecadora cómo pudo darme su carne? ¿Es esa la madre que quieren para mí?

- Le quitaron su maternidad divina. ¡Ay! eso sí que me duele. Cuantas veces ustedes en sus oraciones no me proclaman como su Dios y Salvador, y ahora vienen a decir que la mujer por la que vine al mundo no es la madre de Dios. ¿Acaso para ustedes ya dejé ser de Dios? ¿o ella ya dejó de ser mi madre? Si ella no es madre de Dios entonces que soy yo para ustedes? ¿Esa es la madre que quieren para mí?

- Le quitaron su intercesión y la declararon muerta. ¿Acaso no leen en la Palabra que Dios es un Dios de vivos no de muertos? ¿Se les olvida que mi primer milagro en Canaán lo hice porque ella me lo pidió como madre? Así como al pie de la cruz estuvo esperando recibirme en sus brazos, así está ella ahora orando ante mi por ustedes incluso.

- ¿Esa es la madre que quieren para mí? Si ustedes hubieran tenido que escogerme una madre, me hubieran escogido a una pecadora? a una que no daría a luz al Verbo Divino?, cuyo no sería Rey por ella no ser reina? Cómo me duele mis hijos que eso es lo que ustedes me darían como madre.

- Señor, de verdad que no lo habíamos visto así. De verdad que no entendíamos a la Virgen. Nos habíamos enceguecido por adorarte sólo a ti que no queríamos descubrir el papel de tu madre en el plan de Salvación .

- Sí Señor, yo también me siento muy mal. Verte llorar por lo que hicimos, y saber que es lo que hacen muchos hermanos nuestros que se dicen llamar cristianos y no valoramos a tu madre como sí hacen los católicos.

- Queridos míos, y más doloroso aun es ver que la construcción que ustedes hicieron fue con los mejores materiales; ahí no escatimaron gastos, buscaron lo mejor y más fino. Quisieron glorificarme dándome un lugar digno de mi, pero en cambio el lugar que mi Padre quiso para mí, ese vientre inmaculado les parecía absurdo y anti bíblico.

- Ay Señor. Ya por favor no sigas que sentimos un nudo en la garganta. Perdónanos, te prometo que de ahora en adelante le daré a tu madre el lugar que se merece, y eso sólo puedo hacerlo en una sola Iglesia. ¡Te amo Jesús!!

- Eduardo, despierta. Eduardo!!!! levántate, ya se acabó el culto. Te quedaste dormido.

- Ay Virgen Santa!!

- Oye Eduardo estás loco, deja de decir eso. ¿Acaso tuviste una pesadilla?

- No. Al contrario. Tuve la mejor revelación de mi vida: El llanto de Cristo.


El exorcismo en el que Satanás reconoció la Inmaculada Concepción



- Se cuenta que sucedió en Italia, en 1823, durante un exorcismo.

Según lo indica la tradición Católica, el 8 de diciembre del año 1854 el papa Pío IX promulgó el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Sin embargo, otra historia refuerza la importancia de la Inmaculada Concepción y habría sucedido 30 años antes de dicha promulgación.

Según el portal especializado ‘Aleteia’, un joven de 12 años fue víctima de una posesión diabólica en el año de 1823 en Italia. Fue por eso que dos sacerdotes dominicos que se encontraban en la zona – en la actual provincia de Avellino- procedieron con un exorcismo, durante el cual le hicieron reconocer al diablo el dogma.

Durante el ritual, le preguntaron al demonio por la Inmaculada Concepción de María, a lo que este explicó que “nunca la tuvo en su poder, porque había sido concebida llena de gracia”, por lo que era una mujer llena de santidad y enteramente de Dios, según contó el portal ‘Church pop’.

Ante la respuesta, los sacerdotes exorcistas le obligaron a reverenciar a la Virgen y su Concepción Inmaculada, recitando versos en italiano. El demonio fue forzado a repetir un soneto, considerado como “perfecto en construcción y en teología”, que dice así en español:

Soy verdadera madre de un Dios que es Hijo,

y soy su hija, aun al ser su madre;

Él desde la eternidad existe y es mi Hijo,

y yo nací en el tiempo y soy su madre.


Él es mi Creador y es mi Hijo,

y yo soy su criatura y su madre;

fue divino prodigio ser mi Hijo

un Dios eterno y tenerme a mí por madre.


El ser de la madre es casi el ser del Hijo,

visto que el Hijo dio el ser a la madre

y fue la madre la que dio el ser al Hijo;


Si, pues, del Hijo tuvo el ser la madre,

o hay que decir que está manchado el Hijo

o hay que decir Inmaculada a la madre.

Todas las verdades sobre la Virgen que esconde el misterio de la Inmaculada Concepción


La festividad de la Inmaculada Concepción, que celebra la Iglesia cada 8 de diciembre, nos permite considerar un misterio de gran riqueza espiritual. Nos sirve para comprender mejor el amor singular de Dios por su madre, a la que regaló este privilegio, y para entender la perfección absoluta que convierte a la Virgen María en modelo de vida cristiana.

La Inmaculada Concepción de la Virgen María fue definida por el Papa Pío IX en la bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854 con estas palabras: «La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano».

Se trata de un dogma de fe, es decir, una doctrina, dijo entonces el Papa, que «está revelada por Dios y debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles».

Como explica el Catecismo de la Iglesia Católica, la razón del privilegio de la Inmaculada Concepción concedido por Dios a la Virgen María es la «misión tan importante» que debía cumplir, como es concebir y dar a luz al Verbo Encarnado, para lo cual era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios» en cada momento de su vida.

Un error muy común

Por un déficit de formación cristiana, en ocasiones hay quien confunde dos dogmas marianos: la Inmaculada Concepción y la Concepción Virginal.

Pero la distinción es muy sencilla: la Inmaculada Concepción se refiere a la concepción de la Virgen María y a su alma, que por la Purísima Concepción quedó libre del pecado original; mientras que la Concepción Virginal se refiere a la concepción de Jesucristo y a su cuerpo, que fue formado virginalmente.

La Virgen, también redimida

Nuestra Señora contrajo la deuda con Dios que todos los hijos de Adán tenemos por el pecado original, pero en atención a los méritos futuros del Redentor, a María esa deuda se la perdonó Dios anticipadamente. En su infinita bondad, desde el primer momento de su existencia le restituyó la gracia que la humanidad perdió con el pecado original, de modo que ella nunca incurrió en la maldición del pecado original.

En consecuencia, sí fue redimida por Cristo, pero, como privilegio especialísimo, lo fue por preservación del pecado original. Como afirmó San Juan Pablo II en la audiencia general del 5 de junio de 1996, el fraile del siglo XIII Duns Scoto «sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso, preservándola del pecado original. De ese modo, introdujo en la teología el concepto de redención preservadora, según la cual María fue redimida de modo aún más admirable: no por liberación del pecado, sino por preservación del pecado».

La Virgen nunca pecó

La «llena de gracia» jamás cometió un solo pecado contra Dios. No solo no hubo en su alma la mancha del pecado original, sino que, dice el Catecismo de la Iglesia Católica, «por la gracia de Dios ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida».

El Concilio de Trento enseñó que la Virgen, a diferencia del hombre corriente,  «por privilegio especial de Dios» jamás cometió un solo pecado, ni siquiera venial. Ello la convierte en el modelo a seguir para acercarnos a la petición de Jesús: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48).

Esta absoluta entrega de la Virgen a la voluntad de Dios la proclamaron los primitivos Padres y doctores:

–San Efrén (306-373): «María fue tan inocente como Eva antes de la caída, Virgen ajena a toda mancha de pecado, más santa que los serafines, la fuente sellada del Espíritu Santo, semilla pura de Dios, siempre pura e inmaculada en cuerpo y mente».

–San Agustín (354-430): «Al discutir la cuestión del pecado hay que exceptuar a la Virgen María, sobre la cual no permito que se discuta, por el honor que se debe a Nuestro Señor, y porque ignoramos la cantidad de gracia que Dios le concedió para que en todo momento pudiese sobreponerse al pecado».

La Virgen no sufrió dolores de parto

Ésta es otra consecuencia del dogma de la Inmaculada Concepción. Cuando Yahveh expulsó a nuestros primeros padres del Paraíso, le dijo a Adán que tendría que trabajar con el sudor de su frente, y a Eva («Parirás hijos con dolor» [Gén 3, 16]) que sufriría en el alumbramiento.

La Tradición de la Iglesia los ha considerado siempre, pues, como castigo del pecado original. En consecuencia, la Virgen estuvo excluida de ellos. Lo que, por otro lado, concuerda con su virginidad durante el parto, que es dogma de fe.

En su sermón De Nativitate le dice San Agustín a la Virgen: «Ni en la concepción se alejó de ti el pudor, ni en tu alumbramiento se hizo presente el dolor».

Santo Tomás de Aquino lo expresa de forma muy directa: «El dolor de la parturienta se produce por la apertura de las vías por las que sale la criatura. Pero ya se dijo antes que Cristo salió del seno materno cerrado, y de este modo no se dio allí ninguna apertura de las vías. Por tal motivo no existió dolor alguno en aquel parto, como tampoco hubo corrupción de ninguna clase» (Summa Theologica, IIIª, q. 35, a. 6).

Por tanto, las películas y series que representan la escena de la Natividad con dolor de Nuestra Señora en el parto desfiguran la realidad de lo que pasó e, indirectamente, niegan la Inmaculada Concepción que la libró de ese sufrimiento.

Un dogma que se hizo esperar

Los cristianos siempre fueron conscientes de la santidad inefable de la Virgen María. Incluso todos y cada uno de los santos y doctores que, en los debates medievales, se oponían a la idea de la Inmaculada Concepción (entre ellos, San Bernardo, el más mariano de todos ellos), proclamaban la plenitud de gracia de Nuestra Señora durante toda su vida.

La única objeción era encajar esa idea en la universalidad del pecado original y de la redención, expresadas reiteradamente en las Sagradas Escrituras. Como dijo San Juan Pablo II en la audiencia general del 5 de junio de 1996, argumentaban así: «La redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos. Y si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado».

Por tanto, la discusión medieval en torno a la Inmaculada Concepción no se refería a la  perfecta identificación con Dios de Nuestra Señora, sino al modo en el que fue redimida. Cuando se aceptó la solución antes citada de Duns Scoto, el obstáculo desapareció y devoción a la Purísima no dejó de crecer en todo el orbe cristiano durante los siglos que precedieron a su declaración como dogma.

Cómo es el corazón de María, la Virgen Inmaculada, en 4 hermosas frases.



¿Cómo es el corazón de una muchacha reconocida como inmaculada por el dogma católico? Un corazón que no se atribuye ningún mérito, que no siente autocomplacencia, que no tiene ojos para sí misma. Te compartimos estas cuatro hermosas frases sobre María y su corazón Inmaculado:

«¿Cómo es el corazón de María? Tras recibir el más alto de los cumplidos, se turba porque siente dirigido a ella lo que no se atribuía a sí misma. De hecho, María no se atribuye prerrogativas, no reclama nada, no atribuye nada a su mérito. No siente autocomplacencia, no se exalta. Porque en su humildad sabe que todo lo recibe de Dios. Por tanto, está libre de sí misma, completamente orientada a Dios y a los demás. María Inmaculada no tiene ojos para sí misma...»

'La Virgen del Pueblo'. Marc Chagall.

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"...Aquí está la verdadera humildad: no tener ojos para uno mismo, sino para Dios y para los demás. Recordemos que esta perfección de María, la llena de gracia, la declara el ángel dentro de las paredes de su casa: no en la plaza principal de Nazaret, sino allí, en el ocultamiento, en la mayor humildad. En esa casita de Nazaret palpitaba el corazón más grande que una criatura haya tenido jamás. Queridos hermanos y hermanas, ¡esta es una noticia extraordinaria para nosotros!"

Ana de Alvear
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«Porque nos dice que el Señor, para hacer maravillas, no necesita grandes medios ni nuestras sublimes habilidades, sino nuestra humildad, nuestra mirada abierta a Él y abierta también a los demás. Con ese anuncio, dentro de las pobre paredes de una pequeña casa, Dios cambió la historia. También hoy quiere hacer grandes cosas con nosotros en la vida de todos los días, es decir, en la familia, en el trabajo, en los ambientes cotidianos. Ahí, más que en los grandes acontecimientos de la historia, ama obrar la gracia de Dios...»

Isabel Guerra
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«...pero, ¿lo creemos? ¿O pensamos que la santidad es una utopía, algo para los profesionales, una ilusión piadosa incompatible con la vida ordinaria? Pidámosle a la Virgen una gracia: que nos libre de la idea engañosa de que una cosa es el Evangelio y otra la vida; que nos encienda de entusiasmo por el ideal de santidad, que no es una cuestión de estampitas, sino de vivir cada día lo que nos sucede con humildad y alegría, como la Virgen, libres de nosotros mismos, con la mirada puesta en Dios y en el prójimo que encontramos». –Papa Francisco–
'Coronación de la Virgen María'. Diego Velázquez.

El día que el diablo alabó a la Inmaculada Concepción de María durante un exorcismo



¡Mira este testimonio de la Inmaculada Concepción de María! Que toda la Iglesia cree y profesa que Nuestra Señora fue preservada del pecado original por los méritos de su hijo Jesús, todos lo sabemos. La misma Virgen María también lo afirmó en la aparición a Bernardita en Lourdes. ¿Pero el demonio?

En 1823, en un pequeño pueblo italiano llamado Avellino, un niño de 12 años sin educación sufría una fuerte posesión demoníaca. Afortunadamente, dos sacerdotes dominicos exorcistas se encontraban en la región y fueron a intentar liberar al niño de las garras del maligno.

Durante una sesión de exorcismo, los sacerdotes le hicieron al demonio muchas preguntas para ponerlo a prueba, ¡y se sorprendieron con una de las respuestas que dio!

Le preguntaron por la Inmaculada Concepción de María y Satanás explicó que nunca la tuvo en su poder, porque había sido concebida “llena de gracia” y santidad desde siempre, y era enteramente de Dios.

Y al recibir órdenes de los sacerdotes en el poderoso nombre de Jesús, el diablo no solo deja de mentir durante el exorcismo, sino que se ve obligado a decir la verdad. Y fue entonces cuando sucedió algo sorprendente: ¡comenzó a recitar un canto de alabanza a la Virgen María!

Un hermoso fragmento de un soneto que contiene un profundo mensaje teológico que confirma la Inmaculada Concepción de María y que, ciertamente, el diablo no se alegró del todo de tener que proclamarlo:

“Soy la verdadera Madre de un Dios que es Hijo y soy Su hija, aunque soy su Madre; Él siempre ha existido y es mi Hijo, yo nací en el tiempo y soy su madre. Soy tu criatura y soy tu Madre; fue un prodigio divino ser mi Hijo, un Dios eterno, y tenerme como Madre; el ser de la Madre y el ser Hijo son casi como uno, porque el Hijo dio ser a la Madre y el ser de la Madre también dio paso al Hijo, ahora, si, pues, del Hijo tuvo el ser la madre, o hay que decir que el Hijo fue manchado, o hay que decir Inmaculada a la Madre ”.

¡Viva la Inmaculada Concepción de María!

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