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El Padrenuestro tiene el poder de convertir a las personas. Conoce el testimonio de Tatiana Góricheva.

 


Descubrimos la hermosa historia de una mujer rusa que se convirtió al catolicismo tras recitar el Padrenuestro

Tatiana Góricheva estaba perdida. Se sentía sola y triste en un mundo que no comprendía. No era la única. Algunos de sus amigos se habían incluso quitado la vida pero ella encontró un precioso salvavidas, la oración. Tatiana había nacido en Leningrado, en 1947, en la Rusia de Stalin. Su vida transcurrió como la de muchos otros jóvenes de su tiempo. Ella misma recordaba años después, cuáles eran los valores que le enseñaron en la escuela: “Solo se fomentaban las cualidades externas y ‘combativas’. Se alababa a quien realizaba mejor un trabajo, al que podía saltar más alto, al que ‘se distinguía’ por algo. Con ello se reforzó aun más mi orgullo […]. Mi meta fue entonces ser más inteligente, más capaz, más fuerza que los demás”.

A Tatiana, esa manera de enfocar el mundo no la satisfizo. “Nadie me dijo nunca – aseguró – que el valor supremo de la vida no está en superar a los otros, en vencerlos, sino en amarlos. Amar hasta la muerte, como únicamente lo hiciera el Hijo del hombre, al que nosotros todavía no conocíamos”.


En aquellos años, Tatiana se centró en sus estudios y terminó la carrera de filosofía. Tenía una vida intensa, asistiendo a clases, acudiendo a conferencias intelectuales y exprimiendo la noche “en compañía de marginados y de gentes de los estratos más bajos, ladrones, alienados y drogadictos. Esa atmósfera sucia me encantaba. Nos emborrachábamos en bodegas y buhardillas”. Pero aquella vida en realidad no la hacía feliz. No estaba quieta ni un momento pero seguía sin encontrar sentido a nada. “Me invadió entonces una melancolía sin límites. Me atormentaban angustias incomprensibles y frías, de las que no lograba desembarazarme. A mis ojos me estaba volviendo loca. Ya ni siquiera tenía ganas de seguir viviendo”.

Cuando todo parecía indicar que Tatiana iba a terminar como muchos de sus amigos, perdiendo toda esperanza en el mundo, encontró un pequeño pero poderoso refugio en el yoga y aprendió a relajarse con los mantras. Una de las propuestas de su libro de yoga era recitar el Padrenuestro. Ella no había rezado nunca esta oración ni ninguna otra. Sus padres la habían bautizado nada más nacer pero más como un ritual que por una fe profunda. Desde entonces, no había recibido ningún tipo de formación religiosa.

Pero el intenso efecto que provocó en ella rezar por primera vez aquella oración fue purificador: “Empecé a repetirla mentalmente como un mantra, de un modo inexpresivo y automático. La dije unas seis veces; entonces de repente me sentí transformada por completo”. Desde entonces, Tatiana nació de nuevo, todo era distinto para ella. “No me resultó difícil entrar en la vida de la Iglesia. En los meses siguientes a mi conversión, viví en un estado tal de euforia, que el mero hecho de oír pronunciar la palabra ‘Dios’ era suficiente para inundarme de dicha”.


El siguiente paso en su conversión fue acercarse a la Iglesia para poder practicar la confesión y la eucaristía con plena conciencia y sintiendo que estos dos sacramentos “nos reconcilian con Dios y hasta nos unen a él”. En aquella Rusia de mediados de los años setenta, en la que aún no se había desmoronado el Telón de Acero, Tatiana descubrió que eran muchos los que habían seguido sus mismos pasos de acercarse a Dios y a los santos, pasando de una existencia basada en el ateísmo y en la confianza en presagios y el destino, a una vida cimentada en la religión. En sus palabras, “el cristianismo los ha liberado”.

Estas personas que siguieron el mismo camino de conversión que Tatiana se unieron a ella y se organizaron para crear un seminario religioso – filosófico. “Ante nosotros acababa de abrirse un mundo nuevo y espléndido que nada tenía en común con ese otro mundo lastimoso, esclavo del materialismo, trivial, pusilánime, donde vivían los hombres que no conocían a Dios, como nosotros mismos poco antes”. La primera reunión tuvo lugar en 1973 en un sótano conocido como el “número 37”.


Desde entonces, y durante años, el seminario congregó a centenares de personas y tuvo que sortear las constantes amenazas del KGB. La propia Tatiana fue detenida en varias ocasiones e interrogada y llegó a perder su empleó como profesora. A pesar de las recomendaciones de sus propios padres, que no entendían la conversión de su hija, y las amenazas reales de terminar, como otros compañeros suyos, en el Gulag, Tatiana se mantuvo siempre firme.

“Hubo amenazas de internarme en una clínica psiquiátrica – recordaba años después – y presiones sobre mis padres”. Para sobrellevar aquellas duras situaciones, se apoyaba en la oración y con una capacidad increíble de autocontrol, “no permitía que se adentrasen en mi conciencia”. Así sobrevivió muchos años hasta que, sobre todo para impedir mayores consecuencias sobre sus aterrados padres, decidió dejar atrás su patria.

Antes, sin embargo, Tatiana dio un nuevo paso en su vida creando en 1979 una asociación femenina conocida como “María”, en honor a la Virgen, pues la gran mayoría de miembros de la nueva organización eran cristianas. “María se apoyaba en una revista, La mujer y Rusia. Allí, muchas mujeres empezaron a encontrar su propia voz, “después de sesenta años de silencio, empezaban las mujeres rusas a hablar de sus problemas”. Sus actividades con la organización “María” también la pusieron en el punto de mira del KGB y ella y algunas de sus compañeras y amigas también fueron detenidas. Al final, se les planteó un ultimátum, si no salían del país serían encarceladas.

A finales de julio de 1980, Tatiana Goricheva dejaba su Rusia natal y se instalaba en Viena. Su llegada provocó mucha curiosidad y durante mucho tiempo fue invitada a dar conferencias “en auditorios gigantescos con acogidas entusiastas y aplausos”. Las feministas de occidente pronto se acercaron a aquella mujer y pronto también se sorprendieron de su profundas creencias cristianas. “Han sido necesarios no pocos esfuerzos para explicar por qué nuestro ‘feminismo’ ruso adquirió en seguida un carácter religioso y por qué la mujer rusa moderna solo en la Iglesia encuentra libertad y consuelo”.

Tatiana tenía veintiséis años cuando el Padrenuestro la salvó de una vida sin rumbo. Desde entonces, ha dedicado su existencia a la filosofía y a la defensa del cristianismo: “He intentado convencer a mis amigas occidentales de que la Iglesia es lo más vivo que existe en el mundo, que es el cuerpo místico de Cristo”. E intenta difundir el poder de la oración: “Solo la oración es capaz de oponerse al parasitismo de la moderna sociedad de consumo”.

Textos extraídos de las obras de Tatiana Góricheva Hablar a Dios resulta peligroso y La fuerza de la locura cristiana.

¿Es correcto o no levantar las manos durante el Padrenuestro en Misa?


¿ES CORRECTO O NO LEVANTAR LAS MANOS DURANTE EL PADRENUESTRO EN MISA?
Por Jesús Mondragón 

Actualmente, existen en el seno de la Iglesia, tres posiciones en los temas relacionados con la forma de expresarse durante la Santa Misa. Y básicamente son los siguientes. 

1- Hay quienes ven la innovación como una expresión sana dentro del cristianismo. 

2- Están los que ven toda expresión como incorrecta. 

3- Y finalmente, hay quienes buscan actuar según lo que estipula la Iglesia. 

Comenzaremos diciendo que lo correcto es actuar y expresarse de acuerdo a las instrucciones que nos proporciona la Iglesia. 

Nunca debemos olvidar que cuando nosotros vamos a Misa, estamos yendo a la Casa de Dios, y en casa ajena no nos comportamos como nos viene en gana. En la casa de otra persona deben acatarse las reglas del dueño de la casa. Y no es sólo como un signo de buena educación, sino que lo dice explícitamente la Biblia. El Apóstol San Pablo, deja instrucciones a su discípulo Timoteo, para que durante su ausencia se comporte adecuadamente en la Casa de Dios, que es la Iglesia. 

I Timoteo 3,14-15
Te escribo estas cosas con la esperanza de ir pronto donde ti; pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. 

De modo que la Iglesia es Casa de Dios y debemos saber cómo comportarnos en ella. Para eso debemos acatar las instrucciones que nos da la Santa Madre Iglesia, ese es el mandato que recibió de Jesucristo: 

Mateo 18,18
«Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. 

Y aquellos que rechazan lo estipulado por la Iglesia se colocan en franca rebeldía frente a Dios. 

Lucas 10,16
«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.» 

¿ES CORRECTO O NO LEVANTAR LAS MANOS DURANTE EL PADRENUESTRO EN MISA? 

La Instrucción General del Misal Romano dice al respecto: 

81. En la Oración del Señor se pide el pan de cada día, que para los cristianos indica principalmente el pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que, en realidad, las cosas santas se den a los santos. El sacerdote hace la invitación a la oración y todos los fieles, juntamente con el sacerdote, dicen la oración. EL SACERDOTE SOLO AÑADE EL EMBOLISMO, que el pueblo concluye con la doxología. EL EMBOLISMO que desarrolla la última petición de la Oración del Señor PIDE CON ARDOR, PARA TODA LA COMUNIDAD DE LOS FIELES, LA LIBERACIÓN DEL PODER DEL MAL

La instrucción 81 nos hace ver que es el sacerdote quien pide "por toda la comunidad", de modo que, las manos extendidas durante el Padrenuestro es una postura exclusiva del sacerdote, quien recoge la oración del pueblo y la presenta a Dios. 

237. Después, con las manos juntas, EL CELEBRANTE principal dice la monición antes de la Oración del Señor, y en seguida, CON LAS MANOS EXTENDIDAS, juntamente con LOS DEMÁS CONCELEBRANTES, quienes TAMBIÉN EXTIENDEN LAS MANOS, y con el pueblo, dice la Oración del Señor. 

La instrucción del numeral 237 dice que el celebrante, es decir, el Sacerdote, "con las manos extendidas" y los demás concelebrantes, o sea, otros sacerdotes si los hubiera "también extienden las manos", hacen la Oración del Señor junto con el pueblo. Como puede notarse, sólo se específica que el celebrante y los concelebrantes extienden las manos, pero nunca  se menciona que este gesto sea realizado también por el pueblo. 

EL SIGNIFICADO DE LAS MANOS EXTENDIDAS 

En el cielo, Jesucristo está presentando constantemente a Dios Padre las señales de su sacrificio en la Cruz por la salvación del mundo. 

Apocalipsis 5,6.9-10.12
Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra... Y cantan un cántico nuevo diciendo: «Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra.» y decían con fuerte voz: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.» 

La Santa Misa es la realización en la tierra de lo que permanentemente está sucediendo en el cielo, en el que Cristo presenta a Dios Padre, las huellas de su sacrificio, de su crucifixión, por el perdón de nuestros pecados.

El Sacrificio Eucarístico es el mismo sacrificio de la Cruz: "Una e idéntica es la Víctima, uno mismo el que ahora ofrece por ministerio de los sacerdotes y se ofreció entonces en la cruz. Sólo es distinto el modo del ofrecimiento". (Concilio de Trento, Sesión XXII, c. 2).

Debemos recordar que el sacerdote, al oficiar Misa, actúa "in persona Christi", es decir, en la persona de Cristo. De modo que, al extender las manos, el sacerdote muestra al Padre las manos de Jesucristo atravesadas por los clavos, muestra también sus propias manos ungidas como sacerdote que presentan a Dios el sacrificio santo de Cristo y recoge las oraciones del pueblo para presentarlas también, en la que se pide el pan nuestro de cada día (la Eucaristía), el perdón de nuestros pecados y que nos libre de todo mal. 

En vista de lo cual, es incorrecto por parte del pueblo extender las manos, puesto que oscurece e interfiere la actuación del sacerdote, no importa la devoción con que se haga. Lo propio para el pueblo, es juntar las manos a la altura del pecho en posición de oración. 

¿ES UN PECADO? 

No, no es ningún pecado, ni tampoco una falta grave. Es incorrecto, impropio, no importa lo devoto que seas, la pureza de la intención, es incorrecto y ya. Sin embargo, hay personas que se rasgan las vestiduras por faltas como éstas y condenan a aquellos que no tienen un conocimiento maduro de lo que es la Santa Misa. Las cosas hay que verlas en su justa medida, no es un pecado, pero no es correcto hacerlo, no condenemos a quienes cometen el error. Mejor enseñemos al que no sabe, porque juzgar y condenar al ignorante, eso sí que es un pecado y una falta de caridad. 

Así que la próxima vez que vayas a Misa, juntemos las manos y con fe digamos: 

Padre Nuestro, que estás en el cielo, Santificado sea tu nombre;
Venga a nosotros tú Reino;
Hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
Perdona nuestras ofensas;
Como también nosotros perdonamos
A los que nos ofenden;
Y no nos dejes caer en la tentación
Y líbranos del mal. 

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