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Por qué África va a salvar al Cristianismo del peligro de extinción en el siglo XXI

Así será el número de cristianos en 2050 / AMB 

POR QUÉ ÁFRICA VA A SALVAR AL CRISTIANISMO DEL PELIGRO DE EXTINCIÓN EN EL SIGLO XXI
Por Javier Lozano

Mientras Europa languidece África florece. Cuando muchos dicen que el cristianismo está en vía de extinción la realidad es que no para de multiplicar el número de fieles. Pero el futuro para los cristianos está en África, el llamado continente de la esperanza.

Desde hace décadas se viene anunciando una inminente defunción del cristianismo, una muerte lenta por la falta de fieles. Sin embargo, la realidad dista mucho de este mito que suele ser muy recurrente en Occidente, donde la secularización sí que es preocupante. Pero lo que ha ocurrido es que el foco del cristianismo se está trasladando a otras latitudes como ya pasó en los primeros siglos de nuestra era.

Y el futuro del cristianismo no está evidentemente en Europa sino que vuelve a África como en tiempos de San Agustín cuando el norte de este continente era un auténtico vergel para los seguidores de Cristo.

El sociólogo norteamericano Phillip Jenkins ha realizado un interesante análisis en The Catholic Herald sobre la evolución del cristianismo donde desmonta el mito de que esta religión tiene fecha de caducidad.

Y es que los datos hablan por sí solos. En estos momentos hay el doble de católicos que hace 45 años y serán aún muchos más dentro de poco más de tres décadas.

La esperanza para la Iglesia Católica, pero también para el resto del cristianismo, deben estar puestas en África. En apenas tres décadas será el Continente con más cristianos del mundo y sólo en esta parte del mundo habrá más católicos que en el resto del planeta.

Una de las claves de este fulgurante crecimiento ya lo explicó el Papa Francisco. Hoy en día existe “una colonización ideológica” que pretende destruir la familia y también la fe.

África se está resistiendo más que ninguna otra parte del mundo y por ello allí existe un cristianismo vivo que sobrevive a ideologías perversas, al islamismo, al hambre, a las guerras o a la enfermedad.

Cardenal Robert Sarah: “Estoy seguro que África salvará a la familia, África salvará a la Iglesia”

El cardenal guineano Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ya lanzó una profecía al afirmar: “Tengo confianza absoluta en la cultura africana, tengo una fe absoluta en la fe africana y estoy seguro que África salvará a la familia, África salvará a la Iglesia. África ha salvado la Sagrada Familia, y en estos tiempos modernos salvará también a la familia humana”.

Basta ver la evolución que, por ejemplo, ha experimentado el catolicismo. De 437 millones de personas en 1950, 650 en 1970 y actualmente la cifra ronda los 1.200 millones. Y para 2050 se espera que haya 1.600 millones de católicos. Algo parecido ocurre con otras confesiones cristianas.

Mención especial merece el caso de África puesto que en 1900 apenas había 10 millones de cristianos de todas las denominaciones. Apenas un siglo después hay más de 500 millones y en 2050 superarán los 1.100 millones de cristianos.

Este espectacular cambio viene marcado principalmente por dos aspectos: los cambios demográficos y el gran número de conversiones.

En 1900 había tres europeos por cada africano mientras que en 2050 habrá tres africanos por cada europeo

África es el continente del futuro pues Europa va poco a poco muriendo. En 1900 había tres europeos por cada africano mientras que en 2050 habrá tres africanos por cada europeo.

Esta expansión se debe también a las conversiones en masa. El sociólogo Jenkins explica también la importancia de las conversiones pues durante el siglo XX el 40% de la poblacion africana cambió la religión tradicional africana por el cristianismo.

Desglosando los datos de la Iglesia Católica el caso de África es todavía más espectacular. A comienzos del siglo XX apenas había dos millones de católicos. Ese número aumentó a 130 millones a final del siglo y llegando a 200 en la actualidad. Y para 2040 la previsión es que sean ya 460 millones.

En 2030 África ya superará a Europa en número de católicos y poco después adelantará a América Latina convirtiéndose en el continente más católico del mundo. Con lo que se cumplirán las palabras del cardenal Sarah sobre quién salvaría a la Iglesia.

De este modo, en poco años la lista de los diez países más católicos del mundo tendrá varios países africanos en los que al inicio del siglo XX apenas el catolicismo era algo prácticamente nuevo. Y hablamos de países como Nigeria, Uganda, Tanzania o la República Democrática del Congo.

El futuro del cristianismo es, por tanto, negro. El África subsahariana tendrá mucho que decir a partir de ahora en la Iglesia Católica.

Fuente, actual.com

Quiero ser santo, pero no sé cómo


QUIERO SER SANTO, PERO NO SÉ CÓMO

LA SANTIDAD EN EL SIGLO XXI
Por Myriam Ponce

Jacques Philippe, Sacerdote y autor de múltiples libros, mencionó que “la santidad del siglo XXI, va a ser la santidad de los laicos y de las familias”. Este año, el mismo Papa Francisco llamó a la santidad, en su exhortación apostólica: Gaudete et exsultate, a través de la cual buscó impulsar y encarnar el concepto de “santidad” en un contexto actual; con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Necesitamos de santos, Sacerdotes y consagrados, es un hecho, pero todo indica que el Espíritu Santo también quiere impulsar la santidad de los laicos, porque es lo que el mundo necesita en estos tiempos. Para la nueva evangelización, la tarea de los seglares es fundamental.

Dios, a cada uno, nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante Él, por el amor. (Ef 1, 3-4). Cristo mismo nos ha hecho un llamado claro: “Sed santos como vuestro Padre celestial es santo” (Mt 5,48). La voluntad de Dios es nuestra santificación (1Tes 4,3). Incluso, el Catecismo de la Iglesia Católica nos lo recalca: “Todos los fieles son llamados a la plenitud de la vida cristiana (CIC 2028). Todos los cristianos, de cualquier estado o condición están llamados, cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad” (CIC 825).

Así que, está claro: tú puedes ser santo. La pregunta es: ¿Cómo?

Lo esencial a reconocer es que Dios te ama con un amor personal, a tÍ, con tus virtudes y tus defectos. No has venido al mundo por casualidad. Él te conoce por tu nombre y apellido. Él te quiere a tÍ, por el simple hecho de ser tú. No te compares con los demás, levanta la cabeza y mira el cielo, llegar ahí debe ser tu aspiración.

El primer paso para ser santo es simple: busca que la santidad sea un anhelo en tu corazón. Cree y confía en que puedes alcanzar ese anhelo, porque Dios así lo dispuso. Recuerda esta cita:

Y Moisés dijo: “Y quién soy yo para semejante tarea?” y Dios respondió: “Yo estaré contigo”. (Éx 3,11-15) No es quién tú seas, es con quién vas, y ten por seguro que Dios va contigo en este caminar.

Segundo, considera que la santidad no consiste en la perfección absoluta, ni en adquirir competencias que nos hagan “superiores” a los demás. La santidad es la capacidad de recibir y aceptar todo el amor de Dios y compartirlo; es decir, ser capaces de amar como Dios ama: con fidelidad, pureza y generosidad. El instrumento para alcanzarla es aceptar con alegría la Voluntad de Dios y el secreto para lograrlo es: dejar que la gracia de Dios actúe en nuestra vida (Santa Teresa del Niño Jesús).

Simple: Ama, acepta y confía.

El reto de nuestros días

En la actualidad, el combate con el maligno es muy fuerte. Mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para ofrecernos “placeres” que, a final de cuentas, nos desviarán del camino hacia la dicha divina. El Papa Francisco asegura que para dicho “combate”, los cristianos debemos mantenernos firmes en la fe, y sostenernos de las armas que el Señor mismo nos ha dado: la oración, la Palabra, la celebración de la Misa, la adoración Eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria y la misión. En un mundo donde cada vez más cristianos son perseguidos por su fe, la vida cristiana se convierte en una lucha permanente, en la que se requiere de mucha valentía para permanecer firmes en el Evangelio y anunciarlo, siendo testigos y apóstoles de la Palabra.

La santidad es un objetivo alcanzable.

Para ser santos no es necesario ser Obispos, Sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada sólo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la Oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. (Papa Francisco, Gaudete et Exsultate, 1)

¿Quieres ser santo? Sé un buen cristiano. Esto no significa sólo creer en Dios, sino “creerle” a Él y Su mensaje de Salvación. Habrá de evitarse todo aquello que nos aleje de Dios, todo aquello que lo ofenda a Él y a los demás. Debemos buscar amar a Dios por sobre todas las cosas. Pensar en amar y en hacerlo todo con amor y por amor, convertir nuestras acciones en obras agradables a Dios.

En este proceso, la Oración es un elemento sumamente importante. Reconocemos que la santidad no se improvisa, ni se consigue de un día para el otro, es un camino, con sus batallas y tropiezos, que requiere de un sumo esfuerzo personal, de la mano de Dios y la Oración.

Otra cosa, acepta la ayuda que Dios te quiere dar por medio de María. Ella es el ejemplo perfecto de la Santidad. Invítala a tu vida, a vivir el proceso contigo y sentirás palpablemente su guía.

Por último, recuerda que ser santo es sinónimo de ir contracorriente, la Biblia lo recalca: “Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba” (Eclo 2,1). Pero recuerda que la plenitud sólo se logra alcanzando tu verdadero propósito y tú fuiste creado, sin lugar a dudas, para ser santo. Así que, aférrate, porque la dicha última está en Dios.


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