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¿Desde cuándo existe la vestidura clerical?


¿DESDE CUÁNDO EXISTE LA VESTIDURA CLERICAL?

En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban. La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes. Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.

Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar. A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio. Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades. El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne. Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad.

Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema: cualquier mancha se ve con facilidad. Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla. Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos. Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito.



¿Cuándo surge el alzacuellos?

Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas. Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito. Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos.

El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente. Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas. Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana.

Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta. Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica. La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta. La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha.

Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX. La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas. Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular. Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo. Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es el deseo de secularizar el hábito eclesiástico.

¿Cuál es la historia de la sotana?

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla. Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época. Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados.

Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero. Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras. Encima del chaleco, se llevaba una casaca.

Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente. Hasta que en los años 7 0, apareció el clériman (también escrito clergyman). Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70. Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias.

La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular. Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva. Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos. Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorros que fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete. Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero. El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante. Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa. Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta. Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron.
En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo. En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales. Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Dios del propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos. Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales. La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.

El clergyman hoy tan popular (traje oscuro de civil con cuello romano) surguio entre los Anglicanos en el Siglo XIX.

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“Jesús desde el sagrario sanó mis heridas” (Un testimonio bellísimo)


"JESÚS DESDE EL SAGRARIO SANÓ MIS HERIDAS" (UN TESTIMONIO BELLÍSIMO)
por Claudio de Castro

Cuando era niño mi mayor ilusión era visitar a Jesús en el sagrario. Me habían contado que estaba allí, en silencio, escondido, esperando. Me daba tristeza imaginarlo solo, sin tener con quien conversar, sin compañía a pesar que sólo buscaba amarnos.

El Amor busca ser amado.

Y yo corría a verlo, sabiendo que era mi mejor amigo.

De grande creció en mí la certeza de su presencia amorosa. No porque me lo decían o leí en algún libro, sino porque empecé a tener experiencias impresionantes y me decía: “¿Esto que me pasó será casualidad?” Después de la veinteava vez dejé de preguntarme, sencillamente le decía: “Aquí estoy buen Jesús. Te quiero”. Y sentía que Él, en su infinito amor, desde aquél sagrario me respondía: “Aquí estoy Claudio, te quiero”. No necesitaba más que eso.

Mis dudas se disiparon dejando paso a la certeza.

Así se inició nuestro dialogo y las aventuras que he vivido junto a Jesús vivo en el sagrario.

Empecé a escribir sobre este estas experiencias ante Jesús vivo y de pronto los lectores me empezaron a compartir las suyas. Algunas tan impactantes e impresionantes que te hacían pensar: “Eres increíble Jesús”.

Cada experiencia es diferente, única, hermosa. Te comparto una muy bella que me llegó recientemente y que vale la pena leer.


“Empecé a ir al Santísimo y desde entonces no he podido parar de ir. He descubierto allí, junto a Él, una paz, un amor, un tesoro incalculable.

Saber que es Jesús quien está ahí, que me ama y espera verme día a día, es una experiencia maravillosa.
He comprendido que no hay nada que Él no pueda aliviar, sanar o solucionar, en mis idas al Santísimo. Lo que más me impacta es que he descubierto que es la cura de todo. Si un día me siento triste, Él me inyecta mucho gozo y alegría, un gozo que jamás podre describir con palabras.

Si me siento débil y con pocas fuerzas Jesús me inyecta fuerzas y valentía en todo lo que emprenda. Tenerlo junto a ti, es saber que cuentas con el amor más grande que pueda existir. Es una vivencia indescriptible y difícil de explicar.

A veces me hace sentir lo complacido que está, de que lo visite a diario. Otras veces percibo de alguna forma que no sabría explicar, la tristeza que siente por sentir que pocos son sus hijos a quien Él tanto ama que le visitan en el sagrario.

Jesús está deseoso que le amen, como un niño lleno de ternura y amor. Espera a todos sus hijos para decirles:

“Ánimo, no estás solo, Yo estoy contigo, Yo soy tu fortaleza y conmigo jamás estarás solo”.

He sentido ver a la Virgen María siempre Junto a Él en estado de contemplación.

Jesús espera ansiosamente que todos le conozcan, lo visiten y sientan todo ese amor incalculable que Él quiere darle a todos sus hijos. Particularmente a ti”.

Querido lector, no dejes solo a Jesús en el sagrario. Por favor cuando vayas a verlo y estar con Él, dile: “Buen Jesús, Claudio te manda saludos”.

¡Dios te bendiga!

Fuente aleteia

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¿Cómo llegó la sábana santa desde la Palestina de Jesús a manos de la Santa Sede?



Por: Santiago Pérez Santana 

El primer dato referido a la Sábana, aparte de la cita de los cuatro Evangelios, lo encontramos en varias fuentes apócrifas cristianas, como el "Evangelio según los Hebreos", el "Evangelio de los Doce Apóstoles" y las "Actas de Pilato". En estos textos, más que la precisión histórica, nos interesa el hecho de que ya en la primera comunidad cristiana se diese una especial veneración a los lienzos sepulcrales de Jesús.

Existen por otra parte, multitud de lagunas en la historia de la Sábana y se han formulado las más diversas teorías sobre el itinerario que siguió el Sudario, desde su salida de Palestina hasta la posterior llegada a Occidente.

Vamos a sintetizarlas en dos hipótesis, basadas en documentos distintos; sólo a partir del siglo X tenemos ya una cierta seguridad sobre la trayectoria seguida por la Sábana.

Una primera teoría supone que el Sudario fue trasladado poco después de la resurrección del Señor a Edesa, hoy Urfa, en la actual Turquía central. En San Petersburgo se descubrió en 1878 un manuscrito siriaco del siglo VI íntegramente conservado, que era copia de otro texto más antiguo, de los archivos reales de Edesa. Narra una antigua historia sobre el rey Abgar IV (9-46 d.C.), el cual oyó hablar sobre el Profeta de Jerusalén y quiso ofrecerle asilo, para protegerlo de los judíos, en su ciudad. Le envió un embajador; pero al llegar éste a Palestina se encontró con que ya había muerto. Regresó entonces con la efigie del Profeta extraña y milagrosamente estampada sobre un lienzo de lino. El rey Abgar, leproso y muy enfermo, se curó al contacto con ella. Es importante destacar que en Edesa se fundó la primera Iglesia reconocida oficialmente por un Estado en el mundo (170 d.C.).

Sin embargo no se tiene noticia alguna de los cinco primeros siglos de permanencia del Sudario en Edesa, después de la legendaria historia del rey Abgar. Ante esta laguna surge una leyenda que sostiene que el sucesor de éste, Abgar V, inició una persecución contra los cristianos de Edesa, cuyo obispo ocultó la imagen en un nicho de la muralla. Esto ocurría el año 57; la imagen fue completamente olvidada. El año 544 los persas de Cosroes I sitiaron la ciudad y fue entonces cuando se encontró milagrosamente el Lienzo en la muralla. tras el hallazgo, fueron destruidas las máquinas de guerras persas y los sitiadores derrotados, atribuyéndose al Lienzo la victoria.

Volviendo a Palestina, es interesante señalar que una monja de la Hispania romana, Etheria, llegó a Jerusalén el 28 de marzo del 381, residiendo en Tierra Santa más de tres años. Nos ha dejado interesantes anotaciones históricas y litúrgicas sobre su estancia, entre las que no aparece ninguna referencia al Sudario, a pesar de haber vivido tres Semanas Santas en Jerusalén. Más aún; en ese mismo viaje visitó también Edesa, lo cual sería absurdo si en esa ciudad no se hallase un objeto de veneración muy particular. Etheria afirma además que penetró en Edesa por la puerta por la que el Sudario había entrado en la ciudad.

El año 944 se trasladó el Sudario a Constantinopla, al ser conquistada Edesa. Nos consta que durante el asedio de esta ciudad, el emperador de Bizancio, Romano I Lecapene (920-944), reclamó la Sábana y los edesanos trataron de engañarlo con copias, "pero el Lienzo resultaba inimitable". A favor de esta hipótesis existe una miniatura de Skylitres (1081-1118) en la Biblioteca Nacional de Madrid, que reproduce la escena del emperador Lecapene besando la Sábana, extendida y con las dimensiones reales, al llegar ésta de Edesa a Constantinopla donde entró el 16 de agosto del 944. La llegada del Lienzo a esta ciudad en esta fecha viene respaldada por antiquísimos documentos que relatan el hecho; existen textos litúrgicos que narran como desde entonces se celebró cada año una solemnísima fiesta en ese día. Los bizantinos construyeron una Capilla, Santa María de Blanquerna, para custodiarla y venerarla.

Los Santos Padres también nos hablan del Sudario, entre ellos San Juan Damasceno. Existen multitud de escritos al respecto; como la carta escrita por San Braulio, arzobispo de Zaragoza, al abad Taio, refiriéndose al Lienzo.

Una segunda hipótesis supone que la Sábana permaneció en Palestina casi mil años, hasta su traslado a Constantinopla.

Los testimonios de la presencia de la Síndone en Jerusalén, durante los primeros 4 siglos son solamente indirectos, pues al tratarse de un objeto comprometido y al no gozar de plena libertad la Iglesia en el Medio Oriente, suponía exponerla a la destrucción, ya que se estaban vulnerando preceptos religiosos (impureza legal), teológicos (naturaleza humana real o sólo aparente de Jesús) y jurídicos (violación de un sepulcro).

Solamente encontramos referencias indirectas en escritos apócrifos. Las Acta Philipi hablan de la Sábana como un tejido de lino que presenta las características de los othoni, y añade un leve reproche de Anás y Caifás a José de Arimatea, por haber utilizado un lienzo "puro" con aquel condenado a muerte, vulnerando así la ley judaica.

Es posible, por otra parte, que la Sábana fuera alejada de Jerusalén con motivo de las rebeliones y guerras judías de los años 70 y 132, para evitar su destrucción, siendo trasladada a Pella. Además, ninguno de los peregrinos que visitaron Jerusalén antes del Edicto de Milán (313) dejaron constancia de haber visto el Lienzo con la Impronta acheiropoieta (no hecha por mano humana).

Carecemos prácticamente de datos sobre el Sudario hasta el siglo VI, en el que recuperamos la pista jebusea por medio de dos insospechadas fuentes de investigación: dos narraciones sobre la medición de la longitud de la impronta. En el 537 el emperador Justiniano I quiso conocer la altura de Cristo. Años después aparece una alusión mensurable de la Sábana misma en cuanto a su longitud, con la explícita referencia de que se trataba del lienzo más grande que llevaba impresa la imagen del Señor. Estas mediciones las llevó a cabo el obispo de Periguenz, Arcaulfo, peregrino en Jerusalén el año 670.

Del siglo IX tenemos noticia de que la custodiaban dos presbíteros y un diácono. En un elenco de reliquias de la Basílica constantiniana del Gólgota aparece también la Sindone, aunque tal relación está también atribuida por los historiadores al tesoro de Constantinopla. Es notable destacar que a inicios del siglo XI, bajo el funesto período de El Hakem, muchos objetos sagrados salieron de Jerusalén debido a la bárbara persecución que se originó. Los defensores de la tesis jebusea fechan entonces la salida de la Sábana a Constantinopla, lo cual es más que improbable, pues no se recoge tal afirmación en ningún documento conservado.

Ante esta contradicción entre ambas tesis, y como conclusión, parece prudente afirmar que la Sábana permaneció en Palestina durante algunos siglos, pues no se explica que los cristianos de Jerusalén regalasen un objeto tan precioso a un extraño, como lo era Abgar. Sostiene además el P. Manuel Solé, reputado sindonólogo, que posiblemente la escasez de datos en estos primeros siglos con referencia al Lienzo, se debe a que éste fue a parar en manos de una secta cristiana judaizante, los ebionitas, cuya mentalidad cabalgaba todavía entre el cristianismo y el judaísmo. Aunque veneraban la Sábana, seguía siendo ésta un lienzo mortuorio y por lo tanto impuro, por lo que la mantuvieron oculta en alguno de sus monasterios. Más tarde pasaría a los pagano-cristianos de Jerusalén (el obispo Arcaulfo, al que antes nos referimos, cuenta una ingenua historia de cómo ocurrió esto en el 667); de ellos llegó a Edesa. El cómo y el cuándo lo ignoramos, pero tal suposición viene confirmada por la palinología, como veremos más adelante. Una vez en Edesa, la Sábana pasa a Constantinopla.

A partir del siglo X, la presencia constantinopolitana de la Sábana es prácticamente segura. Los cruzados la veneraron en Constantinopla el año 1147, durante la 2ª Cruzada; así lo confirma Roberto de Clary, cronista de aquel periplo.

Hasta 1204, cada viernes era expuesta una Sábana en la iglesia de Santa María de Blanquerna en Constantinopla, la cual fue presentada en 1147 a la veneración del rey de Francia Ludovico VII y en 1171 a Aadamuri, rey de Jerusalén, por el emperador Manuel Comeno.

¿Cuándo y cómo salió de Constantinopla?
Otro problema radica en determinar cuándo y cómo salió la Síndone de Constantinopla. También nos encontramos en este punto con dos hipótesis.

La primera sostiene que en 1247 todavía parece casi segura su permanencia, pues Balduino II, rey de Constantinopla envió a su primo san Luis IX de Francia partem Sudarii quo involutum Corpus eius fuit in sepulchro. El mismo Luis IX envió un pedazo al monasterio Vilziakicense, y otro en 1248 a la iglesia de Toledo, como regalo a su primo san Fernando, rey de Castilla, con estas palabras: De Syndone qua Corpus ipsius sepultum, qui thesauro imperii contantinopolitani suscepi. La historia sindónica del imperio latino de Constantinopla se cierra según esta teoría, en 1261, cuando era regente un miembro de la familia De Toucy, emparentada con la familia real francesa. Un conde de Charny, Godofredo I, emparentado a su vez con la familia de Toucy, fue estandarte en la afortunada batalla de Esmirna y pocos años después (1353) aparece como el poseedor de la venerada reliquia, otorgada como don por una victoria (¿Esmirna?). Ciertamente nos resulta un poco extraño que un objeto tan preciado por los emperadores orientales fuese donado tan generosamente por un servicio prestado.

La otra hipótesis sobre la llegada a occidente del Sudario, se fecha en 1204, momento en el que se produce el saqueo de Constantinopla por los cruzados; esta teoría afirma que el jefe de la 4ª Cruzada, Otto de la Roche, la robó y la trajo a Occidente.

Esta teoría viene sostenida por una carta fechada el 1 de agosto de 1205, que el nieto del emperador Isaac II de Constantinopla, Teodoro Ángel, escribió al Papa Inocencio III, exigiendo su restitución.

Sea como sea, si la Sábana no hubiese llegado a Europa occidental habría resultado destruida en 1453, al ser conquistada y arrasada Constantinopla por los musulmanes.

En 1353, como antes afirmamos, consta ya con seguridad que la Sábana está en manos del duque Godofredo de Charny, en Lirey, el cual la dona como cumplimiento de un voto, el 20 de enero de 1353, al Capítulo de los canónigos de la Colegiata por él fundada en Troyes, después de ser liberado de los ingleses.

En 1452, con acta notarial, después de haber obtenido permiso con un Breve del Papa, la condesa Margarita la cedió a la duquesa Ana de luisagne esposa de Ludovico, duque de Saboya, a cambio del usufructo del castillo y tierras de Mirabel. En Marzo de este año la Sábana es trasladada a Chambery donde el duque de Saboya construyó una capilla, la cual sufrió en 1532 un extraño incendio en el que a punto estuvo de ser destruido el Lienzo, fundiéndose la urna de plata que lo contenía y dejando las ostensibles marcas que hoy nos muestra.

El 14 de septiembre de 1578 fiesta de la exaltación de la Cruz, conocido el voto de Carlos Borromeo, Arzobispo e Milán, de ir a pie a Chambery para dar gracias a Dios por librar a Milán de la peste, Enmanuel Filiberto envía la Sábana a Turín, para acortarle el viaje. Desde entonces el Lienzo permanece en Turín, donde Guarini edificó en 1694 la iglesia en la cual se conserva.

En 1983 el duque de Saboya Humberto II, heredero de la corona italiana, la regaló a la Santa Sede.

Fuente: Libro La Sábana Santa

La confesión de pecados ¿Es bíblica? ¿Creían los primeros Cristianos en la confesión de pecados?


LA CONFESIÓN DE PECADOS YA ERA PRACTICADA POR LOS JUDÍOS DESDE EL ANTIGUO TESTAMENTO Y ORDENADA POR LA LEY DE MOISÉS
Por Jesús Mondragón 

LA CONFESIÓN SE REALIZABA ANTE EL SACERDOTE JUDÍO Y LOS PECADOS ERAN PERDONADOS MEDIANTE EL SACRIFICIO DE ANIMALES

Levítico 5,5-6
el que es culpable en uno de estos casos confesará aquello en que ha pecado, y como sacrificio de reparación por el pecado cometido, llevará a Yahveh una hembra de ganado menor, oveja o cabra, como sacrificio por el pecado. Y el sacerdote hará por él expiación de su pecado.

Números 5,6-8
«Habla a los israelitas: Si un hombre o una mujer comete cualquier pecado en perjuicio de otro, ofendiendo a Yahveh, el tal será reo de delito.
Confesará el pecado cometido y restituirá la suma de que es deudor, más un quinto. Se la devolverá a aquel de quien es deudor.
Y si el hombre no tiene pariente a quien se pueda restituir, la suma que en tal caso se ha de restituir a Yahveh, será para el sacerdote; aparte del carnero expiatorio con que el sacerdote expiará por él.


II Samuel 12,13
David dijo a Natán: «He pecado contra Yahveh.» Respondió Natán a David: «También Yahveh perdona tu pecado; no morirás.

Proverbios 28,13
Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien; el que las confiesa y abandona, obtendrá piedad.

Eclesiástico 4:26
No te avergüences de confesar tus pecados, no te opongas a la corriente del río.


LA CONFESIÓN DE PECADOS CONTINUÓ AL SER ANUNCIADA LA LLEGADA DEL MESÍAS

Mateo 3,5-6
Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.


LOS FARISEOS, IGUAL QUE LOS PROTESTANTES PIENSAN QUE ES UNA BLASFEMIA QUE UN HOMBRE PUEDA PERDONAR PECADOS

Mateo 9,2-3
En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»
Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»


JESUCRISTO NO PERDONÓ AL PARALÍTICO COMO DIOS, LO PERDONÓ COMO HOMBRE

LA BIBLIA DICE QUE DIOS OTORGÓ A LOS HOMBRES EL PODER DE PERDONAR LOS PECADOS

Mateo 9,6-8
Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice entonces al paralítico -: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".»
El se levantó y se fue a su casa.
Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

Juan 20,21-23
Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»


LA CONFESIÓN DE PECADOS SIGUIÓ SIENDO PRACTICADA POR LOS APÓSTOLES

Santiago 5,16
Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

Hechos 19,18
Muchos de los que habían creído venían a confesar y declarar sus prácticas.


¿Y si hoy hemos entendido mal estos pasajes de la Escritura? ¿Cómo podemos saber si hemos comprendido correctamente el tema de la confesión? La respuesta a éstas interrogantes es muy sencilla: ¿Creían los primeros cristianos en la confesión de pecados? Si la respuesta a esta pregunta es NO, entonces siempre hemos estado en el error. Pero si la respuesta es SÍ, los equivocados son las sectas. Veamos.

LOS PRIMEROS CRISTIANOS, LOS SUCESORES DE LOS APÓSTOLES, CONOCIDOS COMO PADRES APOSTÓLICOS ENSEÑAN SOBRE LA CONFESIÓN

Didajé (40 - 90 d.C.)

En la iglesia (asamblea) confiesa tus pecados: y no te acerques a tu oración con mala conciencia. Tal es el camino de la vida. 4,14

Orígenes (185 - 254 d.C.)

“Además de esas tres hay también una séptima (razón)
aunque dura y laboriosa: la remisión de pecados por
medio de la penitencia, cuando el pecador lava su
almohada con lágrimas, cuando sus lágrimas son su
sustento día y noche, cuando no se retiene de declarar su pecado al sacerdote del Señor ni de buscar la medicina, a la manera del que dice «Ante el Señor me acusaré a mí mismo de mis iniquidades, y tú
perdonarás la deslealtad de mi corazón»”

“Observa con cuidado a quién confiesas tus pecados; pon a prueba al médico para saber si es débil con los débiles y si llora con los que lloran. Si él
creyera necesario que tu mal sea conocido y curado en presencia de la asamblea reunida, sigue el consejo del médico experto” Homilías sobre los Salmos 37, 2.5

Tertuliano (160 - 220 d.C.)

"rehúyen este deber como una revelación pública de sus personas, o que lo difieren de un día para otro... ¿Es acaso mejor ser condenado en secreto que perdonado en público?" De Paenitencia

Cipriano de Cartago (200 – 258 d.C.)
“Os exhorto, hermanos carísimos, a que cada uno confiese su pecado,
mientras el que ha pecado vive todavía en este mundo, o sea, mientras su confesión puede ser aceptada, mientras la satisfacción y el perdón otorgado por los sacerdotes son aún agradables a Dios” De Lapsi 28; Epístola 16, 2.

Hipólito Mártir (? - 235 d.C.)

“Padre que conoces los corazones, concede a este tu
siervo que has elegido para el episcopado... que en virtud del Espíritu del sacerdocio soberano tenga el poder de «perdonar los pecados» (facultatem remittendi peccata) según tu
mandamiento; que «distribuya las partes» según tu precepto, y que «desate toda atadura» (solvendi omne vinculum iniquitatis), según la autoridad que diste a los Apóstoles” La Tradición Apostólica 3

La confesión de pecados fue enseñada por Moisés en el Antiguo Testamento. Jesucristo dio a los hombres el poder de perdonar los pecados. Los Apóstoles la aconsejan y los primeros Cristianos católicos la han practicado desde el siglo primero. ¿Quiénes son entonces los que están equivocados?

LA CONFESIÓN, SÍ ES BÍBLICA

PAX ET BONUM

¿Desde cuándo sabía Jesucristo que Él era el Mesías y que era Dios?


¿DESDE CUÁNDO SABÍA JESUCRISTO QUE ÉL ERA EL MESÍAS Y QUE ERA DIOS?
P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

Estimado Padre: ¿Desde cuándo supo Jesucristo que Él era el Mesías? Me dicen algunos que desde niño, otros que cuando fue bautizado en el Jordán por Juan, o desde antes de nacer, etc. Por favor, le agradecería que pusiera luz en este tema. Desde ya muy agradecido. Lo saludo en Cristo Jesús (Buenos Aires, Argentina).
Respuesta:

Estimado:

La tesis tradicional es que Jesucristo supo desde el primer instante de su concepción que Él era Dios; por fuerza también conoció su legación divina, o mesianismo.

Me refiero con esto no al conocimiento que Cristo poseyó en cuanto Dios sino al que poseyó en cuanto verdadero Hombre. Esta ciencia, por la cual conoció en su inteligencia humana su divinidad y mesianidad, es la llamada 'ciencia beatífica'. La ciencia beatífica es aquel conocimiento que corresponde a los ángeles y bienaventurados que contemplan en el cielo la esencia divina. Esta doctrina es común y cierta en teología. Los argumentos que se aducen son:

a) En la Sagrada Escritura no se dice explícitamente (si así fuera, sería de fe) pero se insinúa al menos su ciencia beatífica. Así por ejemplo: 'nadie sube al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo' (Jn 3,13). Esta afirmación es entendida en el sentido de que Cristo estaba en el cielo (por tanto era comprehensor como los bienaventurados y ángeles y tenía ciencia beatífica) mientras estaba en al tierra (siendo así también viador). También se entienden de la ciencia humana de Cristo los textos que dicen: 'Yo hablo lo que he visto en el Padre' (Jn 8,38) y 'El que viene del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído' (Jn 3,31-32). Aunque estos últimos textos podrían ser interpretados del conocimiento divino de Cristo.

Bíblicamente no podemos ir más allá.

b) El Magisterio no ha definido explícitamente el tema. Pero sobre todo es clarísimo el texto del Papa Pío XII en la encíclica Mystici corporis: 'Aquel amorosísimo conocimiento que, desde el primer momento de su encarnación, tuvo de nosotros el Redentor divino, está por encima de todo el alcance escrutador de la mente humana, toda vez que, en virtud de aquella ciencia beatífica de que disfrutó apenas recibido en el seno de la Madre divina, tiene siempre y continuamente presentes a todos los miembros del Cuerpo místico y los abraza con su amor salvífico... En el pesebre, en la cruz, en la gloria eterna del Padre, Cristo ve ante sus ojos y tiene unidos a Sí a todos los miembros de la Iglesia con mucha más claridad y mucho más amor que una madre conoce y ama al hijo que lleva en su regazo, que cualquiera se conoce y ama a sí mismo' (Mystici corporis, n. 34).

Se habla aquí: 1º) de ciencia beatífica; 2º) desde el primer instante de la encarnación; 3º) por la cual Cristo conoce su dignidad de cabeza del Cuerpo Místico. Por tanto, con mayor razón se diga que conoce su cualidad de Dios y de Mesías.

c) Desde el punto de vista teológico se debe argumentar por el lado de la unión hipostática. En efecto es este modo de unión que se da entre las dos naturalezas (divina y humana) en la sola Persona del Verbo el que plantea la necesidad de esta ciencia. Entre las dos naturalezas debe darse la máxima proporción posible; ahora bien, el máximo acercamiento del entendimiento humano a Dios se establece en la visión beatífica. Si de Cristo-hombre se puede y se debe decir 'Es Dios', con mayor razón debe decirse 'Ve a Dios' y 'Conoce que es Dios', pues es más 'ser' que 'ver o conocer' a Dios.

El Padre Francois Dreyfus en su libro 'Jesús, ¿sabía que era Dios?', explica cómo si bien no ha habido un pronunciamiento dogmático del Magisterio al respecto, debe ser considerada esta verdad como un elemento de la Revelación que el pueblo cristiano ha vivido siempre como una realidad en la que cree; la mayor parte de los cristianos siempre ha pensado: 'Si Cristo es Dios, evidentemente lo sabe'.

En cuanto a que todo esto se dio desde el primer instante de su concepción ya hemos visto el texto de Pío XII. Santo Tomás dedica una cuestión al tema, titulada 'Sobre la perfección de la prole concebida' (Suma Teológica, III, c. 34). Allí sostiene que tratándose de la Encarnación de la Persona del Verbo divino, la naturaleza humana por Él asumida debió estar adornada de excelsas prerrogativas desde el primer instante de su concepción; en el artículo 2, al hablar de la perfección del libre albedrío desde la concepción afirma: 'la perfección espiritual de la naturaleza humana que Cristo tomó no la fue adquiriendo por grados, sino que la poseyó por entero desde el principio'.

Del mismo modo, la tradición ha entendido de esta conciencia de Cristo el texto de Hebreos 10,5-7: 'Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo - pues de mí está escrito en el rollo del libro - a hacer, oh Dios, tu voluntad!'. Puede leerse en este sentido, por ejemplo, el comentario de Santo Tomás (Lectura super Ad Hebraeos, X, I, nn. 485-492.)


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